Las vacaciones de semana santa se asocian con dos cosas: tiempo fuera de casa con la familia y los Springbreakers gabachos que vienen a ponerse como discípulos de Baco durante cinco días y a enseñar tetas y traseros en los noticiarios a nivel nacional.
Pero ahora hay una más: después de años de escuchar que los defeños haríamos "Acapulco en la azotea" por falta de fondos, el queridísmo Marcelo Ebrard ha decretado la creación de cuatro playas artificiales en la ciudad de México, a cargo del erario público (y si no es cierto, que me desmientan).
Cualquier persona con dos céntimos de sesos ha estado a punto de morir de risa con esta noticia. Marcelito no niega sus orígenes de partido y se dedica a proporcionar a su pueblo "juegos de circo". O sea, ¿quiénes creen ustedes que van a hacer uso de esas 'playas'? Pos la naquiza, hombre. Ya me puedo imaginar a toda la caterva de escuicles maleducados y mugrosos corriendo en "chones" (porque ni a traje de baño llegan) por todos lados, orinándose en las albercas, tirando basura por todos lados y molestándose los unos a los otros mientras los padres indulgentemente se desentienden de ellos. Argh! De sólo imaginarlo, náuseas me dan. (En resumen, ni de broma acercarse por ahí).
Por otra parte, nunca he extrañado más pertenecer al cuadro docente de una escuela. Después de toda la pérdida de tiempo de los festivalitos de primavera, los maestros reciben sus merecidísimas DOS SEMANAS de vacaciones CON GOCE DE SUELDO, mientras que en la empresa que yo laboro nos van a conceder DOS TRISTES DÍAS, y eso porque es de ley, que si no, ni eso. Y estamos perfectamente conscientes de que la próxima semana vamos a laborar horas extras, 'para desquitar', ya saben. Pero mi mareadito está peor; él trabaja en una empresa gringa, y NO VA A DESCANSAR. Se los pagan doble, de acuerdo con la ley mexicana, pero de todos modos es una ch***a, porque ni siquiera se puede tomar los días que descansan allá. O sea, como 'arbano judío', el pobre.
Lo único bueno es que la ciudad permanece muy tranquila, sin embotellamientos y con pocos usuarios en el transporte público. Lo malo es que resulta un triunfo espartano encontrar un taxi para llegar al trabajo a las 7 de la mañana. ¡Todos están arrojando blanquillos! Ja, ja, ja.
