¡Qué rápidos somos los mexicanos para sacar tanto la plata como el cobre!
La respuesta de todos los estados para auxiliar a los Tabasqueños fue tan copiosa y tan inmediata, que las autoridades no saben qué hacer con ella. Se han acopiado cantidades ingentes de alimentos, leche y artículos de limpieza personal. Cientos de centros de acopio a lo largo y ancho del territorio nacional se han solidarizado con nuestros paisanos que han perdido tantos bienes materiales.
Sin embargo, más tardamos en ir a comprar un paquete de papel de baño y llevarlo al centro de acopio más cercano, que volver a reconocer lo malhoras que somos los Mexicanos. Para empezar, no hay suficiente infraestructura ni logística para canalizar la ayuda. El ejército y el Sistema Nacional de Protección Civil no tienen suficientes efectivos, helicópteros ni lanchas para distribuirla, y mucha gente, a ocho días de la tragedia, no ha visto a los milicos con las despensas más que de lejos, o se les ha dicho que se lancen a los albergues, que allí sí hay comida, o tienen que hacer filas de un kilómetro y medio para conseguir leche para sus hijos.
Claramente se ve que así como no falta el espíritu de heroísmo y solidaridad, no deja de existir el oportunismo que medra en el lodazal (literal y metafórico) de la desgracia ajena. Todos los buitres que roban casas, que cobran los productos a precios francamente abusivos, que aprovechan la impotencia ajena para incrementar su patrimonio personal, como se lee en La Crónica de hoy:
No se lo que piensen los hipotéticos lectores que aterrizasen por casualidad en esta página, pero yo francamente me siento asqueada. El simple hecho de que las familias se negaran a abandonar sus propiedades en el momento crítico de la inundación ya indicaba, desde que se desató esta contingencia, qué opinion tenemos los mexicanos unos de otros. Y pienso que hay que decirlo todo: somos bien entrones a la hora de los trancazos, pero también somos muy buenos para "patear al perro caído en el agua".
